En 2011 surgió un blog llamado Dungeon Synth Archives que empezó a recopilar una serie de discos, la mayoría de ellos en cassette, con un sonido y una estética muy particular: melodías oscuras y ambientales que, a diferencia del dark ambient, parecían envueltas en una especie de hechizo. Tanto en lo visual como en lo sonoro giraban en torno a motivos medievales y fantásticos, pero con una fuerte presencia de sintetizadores. Andrew Werna, creador del blog, lo definió así en su primer post: “El Dungeon Synth es el sonido de una cripta antigua. El aliento de la tumba, que solo puede transmitirse adecuadamente con música primitiva, necro, lo-fi, olvidada, oscura e ignorada por la sociedad dominante.” Sin saberlo, ese texto se convertiría en una especie de manifiesto, y el nombre de su blog acabaría bautizando a un género que desde entonces ha crecido y se ha ramificado en decenas de subestilos. Pero, ¿de dónde habían surgido realmente esos discos?
Los hijos bastardos del Black Metal. Primera Ola
A finales de los 80 y principios de los 90, en Noruega se vivió el nacimiento de un género musical extremo, oscuro y radicalmente contracultural: el Black Metal.
Muchas de esas bandas, como Mayhem, Darkthrone o Emperor, empezaron a incluir piezas instrumentales hechas con sintetizadores. No eran canciones completas, sino breves pasajes que aportaban epicidad y oscuridad al conjunto del disco, funcionando casi como pequeñas bandas sonoras intercaladas entre los temas más agresivos.
Fue precisamente el bajista de Emperor, Håvard Ellefsen, quien tras abandonar la banda se convirtió en el primero de la escena en publicar un álbum íntegramente ambiental bajo su alias Mortiis. Su debut de 1994, Født til å herske, ya contenía todos los elementos que más tarde se volverían característicos del género: melodías medievales, atmósferas sombrías y una producción deliberadamente cruda.
Tal vez el que más contribuyó a popularizar este nuevo sonido —que todavía no tenía un nombre definido, y que muchos años después sería bautizado como Dungeon Synth— fue Burzum. Tras el asesinato de Euronymous, líder de Mayhem, Varg Vikernes fue encarcelado y grabó desde prisión dos discos ambientales con medios extremadamente limitados: Dauði Baldrs y Hliðskjálf. El resultado fue un sonido primitivo, casi rudimentario, que en su momento fue duramente criticado: muchos lo comparaban con la banda sonora de un JRPG de Super Nintendo. Sin embargo, el tiempo acabó dándoles un lugar central en la historia, y hoy se consideran fundamentales para entender la segunda etapa del Dungeon Synth.
A partir de ahí, numerosos músicos de la escena Black Metal comenzaron a editar discos en solitario dentro de esta vertiente, que en aquel momento se englobaba bajo el paraguas del Dark Ambient. Algunos lo llamaban incluso Medieval Ambient, porque esas piezas, de tintes medievales y fantásticos, evocaban paisajes sonoros sombríos pero también íntimos, profundamente influenciados por El Señor de los Anillos y los juegos de rol como Dungeons & Dragons.
Aunque no todo giraba en torno a Noruega. Uno de los proyectos más respetados de esa primera ola fue Depressive Silence. Eran originarios de Alemania y no tenían relación con el Black Metal, sino que estaban más relacionados con la “Escuela de Berlín” de músicos como Klaus Schulze.
El renacer en internet. Segunda Ola
Durante los años 90, el género creció de forma casi orgánica, ligado sobre todo a la escena del black metal y al circuito underground. Pero al entrar en los 2000 la burbuja se desinfló: la prensa apenas le prestaba atención, muchos proyectos dejaron de editar material y otros terminaron derivando hacia géneros distintos.
Y aquí regresamos al momento en el que arrancaba este artículo: 2011.
Ese año, el blog Dungeon Synth Archives empezó a circular por foros y comunidades en línea, y con él, un puñado de discos olvidados reaparecieron gracias a YouTube y al intercambio digital. El contexto también jugaba a favor: la fiebre por lo medieval y lo fantástico estaba en auge, impulsada por las adaptaciones de El Señor de los Anillos, el fenómeno televisivo de Juego de Tronos y videojuegos de rol como Skyrim o los JRPG (Juego de rol japonés), además del creciente interés por los juegos de mesa y la música de videojuegos retro.
En medio de esa ola cultural, muchos jóvenes descubrieron el Dungeon Synth y empezaron a experimentar desde sus habitaciones. Publicaban sus discos en Bandcamp o YouTube, y cada vez empezaron a sumarse visiones más personales y distintas, dando forma a lo que hoy se conoce como la segunda ola del Dungeon Synth.
Chaucerian Myth o Fief, por ejemplo, dieron un giro hacia lo medieval y barroco, y experimentaron con un sonido pulido y confortable, a base de secuencias midi desfasadas.
Proyectos como Old Sorcery o Erang apostaron por una ambientación más envolvente y soñadora, casi cinematográfica.
Al mismo tiempo, propuestas como Quest Master empezaron a flirtear con el Synthwave, fusionando la estética de los videojuegos retro y el Vaporwave.
El Dungeon Synth se expandió rápidamente por la red, en especial durante la pandemia, y se ramificó en decenas de subgéneros, algunos tan locos como el Dino Synth, que recrea la fantasía de las primeras películas y novelas sobre dinosaurios, con sonidos primitivos, rugidos y melodías de aire cavernícola. También surgieron el Comfy Synth, que busca transmitir calma y nostalgia hogareña; el Winter Synth, quizá su vertiente más nocturna y sombría; o el Chip Synth, que emula el sonido chiptune de los videojuegos de principios de los 90.
Quizá lo que hace tan especial al Dungeon Synth es esa capacidad de llevarnos a otros mundos. Lugares donde el mundo no está dominado por los algoritmos ni pantallas. Donde aún existen los héroes y la posibilidad de vivir una aventura capaz de cambiarte la vida.
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