Dicen que hubo un tiempo en que las noches de Valencia eran eternas. Sus parkings iluminaban las carreteras como faros, atrayendo a miles de jóvenes hacia un lugar donde todo parecía posible. Esta historia no ocurrió hace siglos, sino hace unas décadas, y sin embargo ya tiene un aura casi legendaria. Era la época de la Ruta del Bakalao, cuando Valencia se convirtió en la capital mundial del clubbing.
Los orígenes de la Ruta
Tras años de represión, la juventud española ansiaba libertad y nuevas experiencias. Las lagunas legales en materia de ocio nocturno permitieron un florecimiento único en Valencia. Mientras en el resto del país se iba a las discotecas para bailar y ligar, en Valencia empezaron a surgir discotecas veneradas como templos. Sus DJs pinchaban lo que llamaban “música blanca”: sonidos electrónicos y oscuros que se alejaban del funk y la música disco, más cercanos al Dark Wave y al Post-Punk. Así nació una escena vibrante que atraería a toda España.
Barraca: El templo de la vanguardia
Barraca abrió en 1965, pero su leyenda comenzó en 1981 cuando los DJs Juan Santamaría y Carlos Simó revolucionaron su sonido al pinchar música de bandas como Depeche Mode, The Cure o Joy Division. Comenzó a generarse un culto alrededor de ella, y las tribus urbanas más oscuras viajaban desde todo el país para ver las performances y conciertos vanguardistas que ofrecía la sala, convirtiendo a este club en la cuna del “Sonido Valencia”.
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Chocolate: El lado oscuro de la Ruta
Pero Barraca no fue la más oscura. A tan solo 200 metros, en 1980 abrió sus puertas Chocolate. Ubicada en un antiguo almacén de secado de arroz, la discoteca ofrecía una programación gótica, punk y siniestra. Allí se podían escuchar bandas como Bauhaus o The Cramps, convirtiéndose en el lugar más oscuro y transgresor de la Ruta. Tony Vidal “el Gitano” fue su DJ emblemático, y tras su partida, José Conca llevó al club hacia una segunda etapa dorada, más electrónica.
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Spook Factory: La revolución del beat
La “discoteca del murciélago” introdujo sonidos más bailables en la Ruta. Fran Lenaers, DJ de Spook Factory, empezó a mezclar las canciones (hasta entonces se dejaba la canción entera, y en los últimos segundos se ponía la siguiente), una auténtica revolución para la época. Spook era más electrónica y orientada al baile, pionera en géneros como el EBM con bandas como Front 242 o Nitzer Ebb. En su esplendor, la discoteca podía permanecer abierta de viernes a domingo, cerrando solo una hora por la obligada pausa de limpieza entre las 5 y 6 de la madrugada.
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Espiral: Dureza y diversión
Espiral también era una de las discotecas míticas de Levante, pero no fue hasta 1986 cuando saltó a la fama gracias a su DJ Jesús Brisa. Destacó por sonidos duros como el EBM y el Darkwave, a los cuales les subía el pitch, convirtiéndose en la discoteca más cañera de la Ruta. Cuando sus visitantes se cansaban de tanto BPM, podían refrescarse con un baño en su piscina.
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Puzzle: Elegancia entre arrozales
Situada en plena Albufera, Puzzle abrió en 1986 con una decoración sofisticada y un sonido más colorido que incluía synth-pop, techno-pop y house. Sus sesiones dominicales eran famosas entre los clubbers de la Ruta, estando a cargo de “Los Gemelos”, sus DJs más míticos.
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ACTV: Vanguardismo urbano
En plena playa valenciana, ACTV destacó por un diseño futurista (su logo ya forma parte del imaginario popular) y sesiones electrónicas intensas. Según cuentan los más puristas, tenía uno de los sonidos más limpios de la Ruta. Su DJ Arturo Roger fue pionero en introducir estilos como el New Beat y el Acid House.
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NOD: La cultura del Parking
Antiguamente conocida como Don Julio, NOD fue otro templo de la Ruta. Popularizó un fenómeno que adoptaron casi todas las demás discotecas: el “Parkineo”, precursor del botellón, transformando su aparcamiento en una fiesta paralela con música en coches, parrilladas populares y eventos al aire libre. Su DJ más destacado fue el mítico Kike Jaén.
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Heaven: El primer after “oficial”
Sus sesiones comenzaban cuando terminaban las demás discotecas, siendo conocido como el primer “after” de Valencia. Con un sonido especialmente contundente, fue uno de los últimos grandes templos de la Ruta. A muchos aún les pitan los oídos por el volumen atronador de sus sesiones.
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The Face: El final de una era
Inaugurada en 1994, The Face marcó la etapa más “makinera” y comercial del movimiento. Fue uno de los últimos grandes clubes en surgir (contaba con 3 salas y capacidad para 3000 personas) antes del declive definitivo de la Ruta.
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Decadencia y legado
Hoy estas discotecas son recordadas y añoradas como templos caídos. La nostalgia por la Ruta del Bakalao está más viva que nunca, y aunque es improbable que un fenómeno así vuelva a repetirse, muchos somos los que esperamos como peregrinos silenciosos a que vuelvan a encenderse las luces y resuenen sus himnos en el asfalto de Valencia. Porque sabemos que, mientras quede alguien que recuerde aquellas noches eternas, la leyenda seguirá viva.
Si te has quedado con ganas de más, puedes ver el vídeo que le dedicamos en Central Sonora.
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