Mi primer instrumento: Motivación contra la frustración

Mi primer instrumento: Motivación contra la frustración

Con cada paso nuevo que das en la vida obtienes una sensación de felicidad y realización, y cuando estás aprendiendo un instrumento musical te llegarán muchos de estos momentos. El que es un principiante total se va convirtiendo poco a poco en un músico con confianza propia pero, por supuesto, se trata de un camino largo que recorrer, además de que irás encontrando escollos desagradables y, sin duda, complicados de superar. Aquí os van unos cuantos consejos sobre cómo sobreponerse a estos baches y seguir motivados.


Deshacerse de las dudas

La cosa parece que no funciona, simplemente no fluye. La melodía que habías conseguido imitar tan pobremente ya no produce en ti esa sensación de felicidad por mucho que lo intentes. ¡Incluso en tu vigésimo intento parece que aún no eres capaz de clavarlo! Así que empiezan a surgir las dudas sobre si serás capaz de lograrlo. El truco está en no dejar que estas dudas te persigan, lo cual es más fácil decirlo que lograrlo, pero por el contrario, intenta pensar en el aquí y ahora como algo simplemente momentáneo. Tú y tu instrumento sólo necesitáis un poco de paciencia, recuerda que, aunque no lo parezca en ese preciso momento, en realidad vas mejorando poco a poco.


Piensa en los desafíos como una oportunidad

Esto puede parecer paradójico pero, especialmente en los momentos en los que no alcanzamos nuestros objetivos, es importante recordarlo. Cuando las cosas no están yendo bien, rápidamente nos cabreamos y nos decepcionamos con nosotros mismos. Por el contrario, este momento debería servir de agradecimiento, ya que te estás enfrentando a un desafío: una oportunidad para mejorar y aprender. Incluso si el desafío parece insuperable una cosa está clara: tan pronto como hayas superado este obstáculo, serás mejor que antes. Aceptaste este desafío voluntariamente y los problemas están para poder superarlos. ¡Así que no hay necesidad de cabrearse porque de seguro lo puedes hacer!

«I can do this!»


La clave está en establecer objetivos razonables

Es crucial que establezcas objetivos que no sean demasiado difíciles o que impliquen entrar en competición con otros. De lo contrario aparecerá la frustración y tendrás exigencias excesivas contigo mismo. Lo más lógico es determinar por adelantado cuánto tiempo practicarás y qué es lo que quieres conseguir concretamente en esa franja de tiempo. Y no te pases. Nunca funciona si es forzado. Tan pronto como hayas alcanzado un objetivo razonable para ese día, esa semana o cualquiera que sea el período que te hayas establecido, puedes sentirte satisfecho. De esta manera tendrás experiencias satisfactorias que podrás recordar más adelante, por el resto de tu vida, cuando las cosas no te estén yendo tan bien.


Acaba siempre con una sonrisa

Si a pesar de varios intentos sigues sin ser capaz de sacar una canción, un pasaje o un riff, no deberías terminar tu sesión de práctica repentinamente en medio de un estado de frustración y tristeza. Lo más probable es que esto derive en una nueva sesión con el mismo sentimiento. Pura frustración. Así que, antes de acabar tu sesión de estudio, respira profundo, sonríe y toca algo que domines. Sólo entonces te sentirás bien y en la próxima sesión te sentirás con más confianza y ganas.


Concéntrate en la canción

No dejes que nadie te distraiga mientras estás practicando. Concéntrate, con todos tus sentidos, en la canción. Los pensamientos que te estén rondando la cabeza en ese momento mejor guardarlos para más adelante, ahora lo que tienes que hacer es agarrar tu instrumento y entrar de lleno en la canción. Llegará el momento en el que seas capaz de tocar el instrumento sin tener que pensar demasiado, simplemente usando tu memoria musical. Por el momento tienes que incidir en los pequeños matices que se dan en la interacción de tus habilidades motoras y tu actividad cerebral. No pueden haber distracciones. Por cierto, esto es exactamente lo que hacen los profesionales que se ganan la vida con su instrumento.


Palmadita en el hombro cuando lo hagas bien

Cuando hemos alcanzado algún objetivo, nos sentimos bien. No sólo cuando alcanzamos el objetivo final, sino también por cada pequeño paso que vamos dando hacia él, apartando los escollos del camino. Por ejemplo, cuando tus dedos se sienten más ágiles que el día anterior al practicar con tu guitarra, cuando consigues sacar un sonido un poco más agradable de la trompeta o cuando tu mano izquierda se siente más precisa sobre el teclado y, al mismo tiempo, más relajada. No deberías considerar estos pequeños grandes logros como algo trivial. Aunque pueda sonar extraño: ¡Saboréalos y disfrútalos! Piensa que has sido tú solito el que lo ha logrado. ¡Y qué bien sienta! Así, pronto los fracasos ya no te resultarán tan frustrantes.


Ponte (algunas) reglas

Aprender a tocar un instrumento tiene mucho que ver con ser metódicos y regulares. Lo mismo se puede aplicar a la práctica del instrumento en sí misma. Para no caer en terreno pantanoso, lo mejor es crear un marco de reglas básicas junto a la supervisión de un profesor. ¿Cuánto tiempo practicas al día? ¿Cómo y cada cuánto te preocupas de cuidar el instrumento? ¿Cómo de temprano o de tarde vas a practicar? Tienes que tener en cuenta tus niveles de energía y a los vecinos claro. Cuando estés haciendo música, ¡deja el picoteo guardadito en la nevera! ¡No te pongas esa camisa de propaganda agujereada para practicar y ponte algo (razonablemente) decente cuando vayas a tocar! Así, te lo tomarás más seriamente. Importante, especialmente en los momentos de frustración: cumple las reglas que te hayas marcado tú mismo. Todo esto facilitará el que seas capaz de salir de los momentos difíciles cuando pienses que te estás quedando atrás.

No snacking!


No te dejes dominar por la frustración

A veces, la razón de bloquearse está en que no sabes como dominar tus impulsos. Abordaste la canción lleno de entusiasmo, quizás un poco demasiado confiado, demasiado rápido. ¡Sólo querías dominar estos acordes rebeldes! Pero se resisten vehementemente y hacen que tengas que dejarte la piel. Cálmate. Acepta que algunas cosas no salen tan pronto como te gustaría. ¡No todos los días son días de fiesta! Así es la vida, amigo.

C’est la vie!


Si estás en ese punto en el que te entran ganas de estrellar tu instrumento contra el suelo, acuérdate de la razón por la que empezaste a hacer música. ¿No fue porque te quedaste fascinado con el instrumento y esos sonidos especiales que podías crear? ¿No querías vivir y experimentar este gran hobby que es la música? ¿Era tu objetivo tocar en una banda o en una orquesta en algún momento y ofrecer tu primer concierto en frente de un público entregado? ¿Ha cambiado alguno de estos objetivos? Si no es así, entonces no rompas el instrumento, tómate un (largo) descanso y sigue adelante.

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.

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