Hit The Tone – “El Mal Querer” de Rosalía

Hit The Tone – “El Mal Querer” de Rosalía

¿Rosaqué?

Seguramente no haya habido un nombre más pronunciado en la música latina (hispanoparlante, si lo prefieren) durante los últimos seis meses. Rosalía Vila Tobella (Sant Esteve Sesrovires, Barcelona, 1993) es, por si queda algún despistado, una cantante y productora que publicó en 2016 su primera referencia: Los Ángeles (Universal) – producido por ese gurú que se mueve entre la tradición y la experimentación llamado Raül Refree (Christina Rosenvinge, Lee Ranaldo, Josele Santiago, Silvia Pérez Cruz).

Aunque Los Ángeles peca en ocasiones de esteticista, ya nos muestra por dónde van a ir los tiros en Rosalía. Gran estudiosa del canto y de la cultura flamenca (que aborda y reivindica cada vez que tiene ocasión) dejó claro que lo suyo sería una reinterpretación del flamenco. Con todo lo que ello supone en un país repleto de puristas flamencos como es España. De hecho, el tiempo nos permite observarlo desde otra óptica: como un conjunto de demos de El mal querer.

Si hace 10 años le hubiesen dicho a esa joven catalana que fue rechazada de Tú si que vales que en una década iba a estar revolucionando el panorama de la música pop probablemente se hubiese reído con incredulidad. Pero Rosalía es la prueba tangente de que con esfuerzo, trabajo y perseverancia se puede llegar muy lejos.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de El mal querer?

Del segundo disco de Rosalía, claro. Producido por ella misma y por El Guincho (de quien hablaremos después), se trata de un paso más allá respecto a Los Ángeles. En todos los sentidos. Si en aquel disco hablábamos de un acercamiento al flamenco, en El mal querer, Rosalía se adentra del todo en el ethos del género, tanto en forma como en contenido. Y aquí hay que recordar algo: que El mal querer se adentre en el flamenco no quiere decir que sea un disco de flamenco. Del mismo modo que las influencias hindús en The Beatles no convirtieron a Sgt. Pepper’s en un álbum hindú.

Rosalía hace pop. Pop del siglo XXI, con reverberaciones flamencas, del rap, del trap, del R&B e, incluso, del soul. Pero lo suyo, su música, incluso su personaje, todo lo que acompaña a su imagen, su forma de colonizar espacios, es puro pop (que, por otra parte, nunca tuvo otra intención que la de conquistar el mundo).


¿He oído bien? ¿Mezclar el flamenco con el trap?

Sí, has oído bien. Rosalía se ha enfrentado a un proyecto muy ambicioso. El mal querer podría haber resultado un descalabro, pero no. Algunos hablan de obra maestra, incluso. Aunque solo el tiempo y la perspectiva colocarán lo colocarán en una categoría o en otra, es indudable que Rosalía ha firmado un disco excelente, imaginativo y sugerente en fondo y forma. En Malamente (augurio), la canción que abre el álbum, ya encontramos muestras de todo esto.

A las palmas flamencas del principio (que rítmicamente ocupan el espacio de los típicos hi-hat del trap, el R&B y la música urbana) le sigue una base de piano (propia del rap y del trap) y una caja de ritmos. Y no una cualquiera: nada menos que una Roland TR-808, famosa por su Groove particular y usada por músicos del calibre de Marvin Gaye, Beastie Boys, Kanye West, Diplo, David Guetta o Jamie XX. Échale un ojo a este artículo para saber un poco más sobre la TR-808.

Por cierto, estas son algunas de las alternativas que hoy ofrece el mercado a la Roland TR-808:

La TR-8 y la TR-8S.

En El mal querer, un álbum vocentrista, con la voz en el centro de todo, es omnipresente la reinterpretación de palos flamencos con elementos propios de la música contemporánea. Ahí está la bulería jerezana con sampleo de Mi cante por bulerías, de La Paquera de Jerez:

que es Que no salga la luna (boda):

El reverb y el uso de harmonizer en Pienso en tu mirá (Cap.3: Celos), la modificación de la melodía del Cry Me A River de Justin Timberlake  con ecos de Björk y Kendrick Lamar y coros propios del deep soul en Baghdad (Cap.7: Liturgia) o el tango gitano sampleado y con autotune que es Di mi nombre (Cap.8: Éxtasis). Rosalía cierra El mal querer con  A ningún hombre (Cap.11: Poder), uno de los homenajes más explícitos al flamenco. En cierto modo, en esta canción sintetiza el significado del álbum: aunque la voz está tratada con un harmonizer, la producción está casi desnuda y lo que acaba trascendiendo es la historia. Cierra, como ya han dicho algunos, con unos versos propios de Lola Flores:

Yo era tuya compañero  /  I was your partner
Hasta que fuiste carcelero  /  Until you were a jailer
Voy a tatuarme en la piel  /  I’m going to tattoo my skin
Tu inicial porque es la mía  /  With your initial because it’s mine
Para acordarme para siempre  /  To remember forever
de lo que me hiciste un día  /  What you once did to me


Y todo esto, ¿ella sola?

Pues casi. Una de las mayores críticas que se le ha hecho a Rosalía es que es un producto organizado desde Sony para meterse en nuestras mentes y obligarnos a lo que sea. Fuera de bromas, y reconociendo el obvio despliegue en marketing e imagen que ha acompañado la publicación de El mal querer, hay que decir que la catalana no es simplemente la cara bonita que sale en la portada y la voz cálida que suena. La gran responsable del álbum es Rosalía, por mucho que se haya apoyado –como es lógico- en mentes igual de brillantes. Aunque por el álbum circulan nombres como el de la actriz Rossy de Palma, el arreglista flamenco Jesús Bola, las cantaoras Las Negris o el artista de música urbana C. Tangana, el segundo gran responsable de El mal querer es un tipo llamado Pablo Díaz-Reixa Díaz. Más conocido como El Guincho, se trata de uno de los grandes renovadores del tropicalismo. Autor de discos tan celebrados como Alegranza (2007, Discoteca Océano, merecedor de un 8,3 en la biblia de lo cool, Pitchfork), Pop Negro (2010, Young Turks) o Hiperasia (2016, Everlasting), llamó la atención de Björk con “Bombay” y trabajaron juntos en Biophilia (2011, Warner), el séptimo álbum de la islandesa. En este caso, su trabajo ha sido básico para terminar de redondear el afán aglutinador que posee El mal querer. Sin él, el disco habría sido otro. Peor.


Hablemos de producción

Como decimos, el Guincho es un eslabón indispensable para que El mal querer sea el disco que es. Contrariamente de lo que pudiera parecer, la producción del álbum es minimalista. Contrariamente, decimos, porque la primera escucha de un álbum tan ambicioso puede resultar incluso excesiva. Conforme se va profundizando en él, se encuentran detalles de un preciosismo casi enfermizo. En la novena canción, Nana (Cap.9: Concepción) encontramos un uso finísimo del vocoder. Y, sí, aquí hay que parar un momento.


¿El vocoqué?

El vocoder. Se trata de un analizador y sintetizador de voz. El vocoder capta una señal de voz, la analiza, extrae de ella sus principales rasgos y genera una señal con una tasa de bits muy baja, que, pese a ello, respeta en síntesis la señal original. Aunque a lo largo de la historia de la música popular se ha utilizado especialmente para generar una voz robótica –ahí está, por ejemplo, el tremendo Around the World, de Daft Punk-, la aportación del Guincho es utilizarlo para dotar de un aire oriental a la canción. El resultado es una nana en la que solo escuchamos la voz de Rosalía. De ahí emerge otra de las premisas de la artista catalana: que El mal querer fuera un álbum vocentrista. Es decir, que la voz, y solo la voz, esté en el centro de todo y sea el elemento vertebrador de las canciones.


¿Y cómo lo hago yo en casa?

Por suerte, el mercado ofrece una amplia oferta en lo que a analizadores y sintetizadores de voz se refiere. Seguramente, la estrella en calidad-precio sea el Electro Harmonix V256, un modelo que incluye la opción réflex-tune (un modo en el que el dispositivo funciona como un corrector de frecuencia automático) entre otras muchas funcionalidades:

Tecnológicamente, la mejor opción es el TC-Helicon VoiceLive 3 Extreme. Si bien no es el pedal más intuitivo del mundo, sí que es uno de los que mayor versatilidad ofrece: funciones de Loop con tres frases separadas, posibilidad de control por voz y variantes robot, 50 espacios de almacenamiento para Loop con tres Loops cada uno con hasta 8 minutos, amplia sección de efectos como Doubling, Harmony, Echo, Reverb, HardTune, Flanger, Chopper y Choir, efectos de guitarra como Flashback Delay, Hall of Fame Reverb, Corona Chorus, Talkbox, Chopper, Bass, Wah y Drive o capacidad para almacenar loops de hasta 45 minutos, entre otras. Se suele usar, sobre todo, para directos en los que no se cuenta con la ayuda de un técnico de sonido.

Por menos de 300 €, además del Electro Harmonix V256, existen otras buenas opciones. Encontramos, por ejemplo, el Roland VT-4 o el muy práctico Electro Harmonix Voice Box, disponible por solo 231€.


¿Y el autotune?

Ya vamos, ya vamos. Por supuesto, no podríamos acabar un artículo sobre un álbum en el que hay música urbana y trap sin hablar del autotune. Por supuesto, en “El mal querer” hay autotune. Concretamente, en temas como “Di mi nombre (Cap. 8: Éxtasis)“…

Lo que comenzó siendo un recurso utilizado en la producción de la mayoría de géneros musicales para corregir pequeños fallos de afinación, se ha convertido en una parte de la identidad sonora de la música urbana. Aunque su uso merece un artículo entero, intentaremos aquí ofrecer una pequeña píldora. El autotune es un software de corrección de tono. Básicamente, lo que hace es permitirnos visualizar de una forma gráfica en qué lugar cae cada nota que está siendo analizada. Con ello, nos da la posibilidad de llevarla adonde queramos.

El gran avance que supuso el autotune fue la opción de ahorrar tiempo a la hora de grabar voces y corregir grabaciones. Como ha pasado a lo largo de la historia de la música, la llegada de cualquier tecnología ha suscitado un debate encarnizado. De un lado, los integristas analógicos. De otro, los incapaces de grabar cualquier cosa sin la última tecnología. Como el objetivo de este artículo no es el de ahondar en ese debate, diremos que, como siempre, la tecnología no es buena ni mala en sí misma. Depende de para qué se use.


¿Dónde consigo el plugin?

Un paseo por la web bastará para observar la cantidad de demos gratuitas que podemos adquirir, así como la ingente cantidad de posibilidades que hay de conseguir dicho efecto. Sin embargo, desde aquí apostamos por ese viejo dicho que dice que lo barato, sale caro. Antares es la marca que ofrece una mayor cantidad de opciones en lo que se refiere a softwares para corrección de tono. Desde un rango que va desde los 552 hasta los 92 €, encontramos el Auto-Tune Vocal Studio:

Auto-Tune Pro / Autotune Live / Auto-Tune EFX 3 / Auto-Tune Access

Otras opciones son el Waves Diamond, por 389€, que incluye más de 60 herramientas de procesamiento de audio para mezcla, masterización, sonido en directo y restauración, y el Celemony Melodyne 4. Este editor de frecuencia libre está disponible en dos versiones. Una por 238€  y otro más básico por 95€.


Conclusión

Está por ver, como decíamos, que El mal querer sea un álbum revolucionario. En la historia del flamenco hay poco discos que hayan conseguido aunar tradición y vanguardia y hayan supuesto un antes y un después. Ahí están La leyenda del tiempo (Camarón de la Isla, 1979, Polygram), Veneno (Veneno, 1977, RCA) u Omega (Enrique Morente y Lagartija Nick, 1996, El Europeo), por ejemplo. El hecho de que sea una duda que El mal querer esté a la altura de los citados, no oculta una evidencia: el segundo álbum de Rosalía es monumental.

Aunque es cierto que en ocasiones su voz carece de la intensidad emocional de las grandes cantaoras –el quejío– y se queda en un terreno algo plano, es indudable que su apuesta, su ambición y el resultado obtenido alcanzan la excelencia. No es fácil que en un disco compartan sitio Camarón, Morente, Lola Flores, Agujetas, La Niña de los Peines, Diego El Cigala, Marchena, Chavela Vargas, James Blake, Sufjan Stevens o Beyoncé. Rosalía lo ha conseguido. Los puristas seguirán a la contra, claro, siempre lo hacen, pero lo cierto es que pocos favores se le pueden hacer al flamenco como el que ha hecho la cantante catalana, ese que consiste en agarrar la tradición y ponerla de actualidad en pleno 2018.

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.

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