Hit The Tone: Tame Impala, el último pastor psicodélico

Hit The Tone: Tame Impala, el último pastor psicodélico

¿Quién es Tame Impala?

Kevin Parker es Tame Impala. En 2010, la banda australiana publicó Innerspeaker (Modular Recordings), su primer LP. Aunque la crítica fue positiva, se percibía una cierta condescendencia. Se hablaba de que aquello no dejaba de ser una revisión del Revolver de The Beatles –como si eso fuera poco, por cierto-. Bien, nueve años más tarde, nadie duda de que Kevin Parker es un genio y de que Tame Impala han llegado para quedarse. Tanto en sus otras dos referencias –Lonerism (2012, Modular) y Currents (2015, Modular) como en otros proyectos, del nivel de Pond, o a la producción con Melody’s Echo Chamber, Lady Gaga o Rihanna, Parker ha sublimado un sonido que mezcla la psicodelia clásica (los Beatles de Revolver, sí, pero también la psicodelia angelina, la de vocación pop y The Byrds) con algunos parámetros sonoros del R&B, el hip-hop y la música urbana. El resultado es imbatible y aquí lo vamos desgranar.


¿Y cómo suena la psicodelia en 2019?

Como Kevin Parker quiera, básicamente. Lo decíamos antes, su sonido se resume en mezclar la esencia clásica con aderezos actuales (amén de una capacidad compositiva descomunal, claro). Su modus operandi se resume en una frase pronunciada por él mismo: “La electrónica no es lo contrario del rock”. A partir de esa declaración de intenciones, se pueden entender mejor imágenes como la que tenemos arriba, perteneciente al estudio casero de Parker. Así que, más que hablar de Rickenbackers y amplificadores (al final haremos un breve recorrido), resulta más interesante hablar de sintentizadores. Sí: Parker se apoya en ellos para crear unas atmósferas que jamás imaginamos en Pink Floyd, por ejemplo, y llevar la psicodelia hasta lugares desconocidos hasta ahora.

Roland Juno DS 88

En diversas ocasiones hemos observado a Parker trasteando un Roland Juno 106, un sinte polifónico analógico de 1984, uno de los más vendidos en los 80. La versión más parecida actualmente es el Roland Juno DS de 61, de 76 o de 88 teclas. Aunque en cada una de las versiones sus prestaciones cambian ligeramente, los puntos comunes a las tres versiones son su manejabilidad (pocos sintetizadores portátiles ofrecen tanto en tan poco), lo que lo hace perfecto para cualquier tipo de movilidad, su amplia gama de sonidos disponibles (más de 1000) de forma muy intuitiva y la posibilidad de aumentar la biblioteca sonora a través de la descarga de más tonos y un amplio rango para configurar divisiones dentro del mismo sintetizador

Una de las joyas de la colección de Parker es el Sequential Circuits Pro One.

Uno de los sintetizadores analógicos más buscados del mundo junto al Roland SH-101, el Moog Prodigy o el Sequential Prophet-5.

Uno de los instrumentos más similares al Pro One es seguramente el Sequential Prophet-6, el hermano mayor del Prophet-5.

Hablamos de un sintetizador que adopta las mejores cualidades de los osciladores antiguos y suma mejoras: efectos con calidad propia de un estudio, secuenciador de paso polifónico o un arpegiador. La sección de efectos es una de sus grandes bazas, tanto por su variedad como por su calidad. Encontramos, entre otros, muchas alternativas para retardos (estándar y BBD), coros y una palanca de cambios de fase. Además, ofrece una gran combinación de efectos digitales y analógicos: especial atención a la distorsión estéreo independiente, totalmente analógica.

Y, antes de pasar a los sintetizadores analógicos, tenemos que hablar del Korg Kronos 61, un teclado Workstation que Parker perdió cuando se incendió Malibú. Observando sus características, no es raro imaginar que el australiano no habrá tardado en hacerse con otro Kronos 61, porque lo de este teclado es apabullante. Hablamos de nueve motores de sonido diferentes, para obtener, mediante síntesis, sonidos de piano, piano eléctrico, sintetizador de alta definción PCM, sintetizador analógico, modelado de órgano, modelado de cuerdas, síntesis VPM, Ms-20 y Polysix. Sí: una auténtica locura. Además, cuenta con 21 GB de datos preset de formas de onda, un modo set list muy útil para organizar capas y estructuras, secuenciador incorporado con ritmos de batería, samplers, etcétera o 16 procesadores de efectos incorporados.


¿No íbamos a hablar de sintetizadores analógicos?

Claro, allá vamos. Empezamos fuerte, además. El Moog Subsequent 37 basa su éxito en adoptar a una clase media todas las características clásicas de Moog. Cuando hablamos de Moog, hablamos, sobre todo, de espontaneidad y intuición. El Subsequent 37 también destaca por la calidad de sus potenciómetros, conmutadores y pulsadores. Además, amplía las opciones que permitían los Sub originales. No hay que olvidar que hablamos de sintetizadores monofónicos y de corte vintage, pero en el Subsequent 37 encontramos efectos muy cuidados y matizados, es raro encontrar en un sintetizador de esta gama, por ejemplo, una distorsión tan sutil y elegante.

A esto hay que unir la integración MIDI (en alta resolución, con 14 bits en cada control, además de volcados sysex para sonidos individuales y bancos), el uso duofónico, las posibilidades amplias en envolventes y LFOs, o el secuenciador. Por último, el software editor que incluye facilita la distribución y organización de los sonidos.

El Moog Sub Phatty, usado por Parker especialmente en la etapa de Currents, es otro sintetizador que denota mucho estilo.

El Sub Phatty mezcla el espíritu de los sintetizadores antiguos con lo último en herramientas de diseño sonoro. Su potente y personal sonido es una referencia, y es muy cotizado para trabajar bajos sintetizados y percusión analógica, por ejemplo. El Sub Phatty incluye dos osciladores con forma de onda variable que proporcionan, sin que sea necesario un proceso de calentamiento previo, resultados concisos y detallistas. En cuanto al sonido, volvemos a recurrir a las marcas de la casa en Moog: alta frecuencia y densidad sonora. Su interfaz optimizada y su amplia gama de recursos lo convierten, según muchos, en el enlace perfecto entre el hombre y la máquina.

Seguimos. Otro sintetizador que no suele fallar en la alineación de Kevin Parker es el Korg MS-20 mini. Se trata de un homenaje y una reconfiguración del mítico sintetizador MS-20, que fue lanzado en 1978. El MS-20 mini reproduce totalmente la estructura de su predecesor, pero con un cuerpo que es un 86% del original. Las características, renovadas, mantienen la esencia del MS-20: sonido grueso y robusto, potente y personal filtro analógico y un panel de conexiones tremendamente polivalente.

Acabamos ese apartado con el Korg microKORG, un sintetizador de tamaño compacto valorado, especialmente, por su manejabilidad y versatilidad. Destacan en él su potente sección de oscilador, sus filtros, sus amplificaciones (caracterizadas por su densidad y distorsión), su gran funcionalidad como controlador MIDI, su carismático vocoder, sus 128 programas para uso inmediato y su gran capacidad de mejora de sus propias prestaciones, gracias a su amplia gama de conexiones virtuales.


De acuerdo, ¿hay alguna opción de que yo haga esto en casa?

Hay, hay. Pongamos que tienes una banda con cuatro amigos, trabajas en un curro más o menos precario y quieres acercarte al sonido de Tame Impala. Lo más sencillo es que inviertas sobre todo en pedales de guitarra, que pueden llegar a conseguir efectos similares (aunque no iguales, la calidad se paga) a los que consigue Kevin Parker. En cuanto a guitarras, dos buenas opciones de gama media-baja para circular por ese camino son las ofrecidas en el catálogo de Rickenbacker’s o la propuesta low cost de Squier, la Jazzmaster.

Si hablamos de pedales, un buen equipo podría ser el formado, por ejemplo, por el Electro Harmonix Small Stone como phaser, el Electro Harmonix Memory Toy como delay, el Dunlop Silicon Fuzz Face Mini como fuzz y para acabar, un buen overdrive come el Boss OD-3.

Como compresor podemos usar el Electro Harmonix Soul Preacher, el Electro Harmonix Holy Grail para el reverb, y como afinador, el super-preciso Korg Pitchblack Custom BK.


Conclusión

“La electrónica no es lo contrario del rock”, dice Kevin Parker. Con esa frase, empezábamos este artículo, dejando claro que el australiano se apoya con un pie en la tradición y, con el otro, en la vanguardia. Solo así es concebible un sonido como el de Tame Impala, un sonido que, como decíamos, ha llevado a la psicodelia hacia lugares que nunca había siquiera imaginado. Suena fuerte, pero es la realidad: Kevin Parker ha hecho avanzar un género entero. Y eso pasa pocos días. Más allá de su aura mística y su leyenda, estudiar pormenorizadamente sus herramientas de trabajo permite establecer una conclusión imbatible: hay talento, sí, sin talento sería imposible, pero también hay mucho conocimiento, mucho trabajo concienzudo, mucha pasión. Y eso sí que depende solo de nosotros.

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.

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