Hit The Tone – My Bloody Valentine y Samplers AKAI

Hit The Tone – My Bloody Valentine y Samplers AKAI

¿My Bloody qué?

My Bloody Valentine, por Dios del cielo. Hablamos de una de las bandas más icónicas de los últimos 30 años. Suyo es el considerado como uno de los más grandes hitos del shoegazing: Loveless (Creation, 1991). Sí: el shoegazing, aquel generó que surgió en Reino Unido a finales de los 80 y que se caracterizaba por mezclar el noise rock y el dream pop: muros de guitarras enmarañadas, retroalimentadas, sobre las que se alzaban melodías sobre historias melancólicas o, directamente, tristes. El propio nombre del género surge del hecho de que los guitarristas tocaban mirándose las zapatillas –las pedaleras, en realidad- y no al público. Ride, Slowdive, Lush, The Boo Radleys o Pale Saints son algunos de sus máximos exponentes. Sin olvidar, claro, a la banda que nos ocupa, el cuarteto dublinés liderado por el genial Kevin Shields.


Entiendo, ¿y por qué son importantes estos My Bloody Valentine?

En febrero 1989, un año después de publicar el notable Isn’t anything (Creation, 1988), My Bloody Valentine se metieron en los estudios Blackwing de Southwark (Londres) a grabar el que sería su segundo álbum. El resto es historia. Pocos álbumes en la genealogía de la música popular aúnan un proceso de creación tan atribulado con una influencia en las décadas posteriores semejante al de Loveless. Kevin Shields, líder de la banda, quería, directamente, crear “un sonido nuevo”. La grabación duró dos años. El cuarteto cambió de estudio varias veces, contrató y despidió a ingenieros (llegaron a participar un total de 16) y estuvo a una sola semana de llevar a la quiebra a Creation, uno de los grandes sellos de música alternativa en Inglaterra. Pero el resultado mereció la pena. Aunque no fue un éxito de ventas, Loveless fue recibido con agrado por parte de la crítica. 27 años después, el segundo álbum de My Blody Valentine está considerado uno de los álbumes más grandes de todos los tiempos. En él, las guitarras son más ruidosas que las de casi nadie y las melodías, más brillantes que las de casi nadie. En cierto modo, My Bloody Valentine demostraron que se podía seguir haciendo algo moderno en la música de guitarras. Un último, pero muy significativo, detalle: Kevin Shields 22 años en firmar otro disco con My Bloody Valentine. ¿La razón? Dijo que no quería publicar nada inferior a Loveless. Palabras mayores.


¿Cómo se hizo?

Lo sé, lo sé: estabas esperando que esto de aquí arriba fuera una guitarra. El asunto es que siempre que se habla de Loveless se analiza el tratamiento de las guitarras, pero se olvida un elemento crucial en la grabación: el uso de los samplers. El batería, Colm Ó Cíosóig, no pudo estar presente en la mayoría del proceso –solo tocó en dos canciones, Only shallow y Touched-, por lo que las pistas de batería se tuvieron que samplear. Para ello, Kevin Shields usó fundamentalmente el sampler AKAI S1000, un muestreador digital estéreo de 16 bits a 44.1 kHz. Se trata de uno de los primeros samplers de 16 bits con categoría profesional. Su principal virtud era la versatilidad a la hora de recortar, empalmar, cruzar y montar bucles de sonido a gran calidad.

Alan Moulder, el ingeniero con quien más trabajó Shields, lo cuenta así: “El sampleo era algo desconocido para nosotros. Apenas conocíamos el S1000, por lo que todo fue un continuo proceso de exploración y aprendizaje. De vez en cuando escuchábamos que los sonidos se cortaban y se mezclaban contra nuestra voluntad. Ahora sabemos por qué: abusábamos de la polifonía. Recuerdo que no supimos cómo solucionarlo, y Kevin acabó enamorándose de algunos de esos barullos sonoros y les encontró espacio y sentido en el disco”. 


Entendido, ¿cómo lo hago yo en casa?

A no ser que encuentres un S1000 en un mercadillo ruso, lo tienes chungo: AKAI  dejó de fabricar este sampler en 1993. Por suerte, la firma japonesa ha seguido creando samplers de muy buena calidad adaptados a varios bolsillos: seguramente, el mejor de todos ellos sea el MPX16, la versión mejorada del MPX8. Se trata de un sampler que puede reproducir y grabar archivos en .wav en tarjetas SD. Para disparar los samplers encontramos dos opciones: directamente desde sus pads (tipo MPC) o desde un MIDI externo, vía USB o por entradas MIDI estándar. Esto implica que el MPX16 puede, al mismo tiempo, estar basado en pads y disparar sonidos o clips.

Como en su viejo predecesor, este sampler recoge el sonido a 16 bit/44.1 kHz. Lo hace a través de sus entradas de un cuarto de pulgada o con el micrófono estéreo que incluye. Después, se guardan directamente en la tarjeta SD. Otra de las opciones que incluye es la posibilidad de asignar clips a cada pad y ajustarlos –afinarlos, filtrarlos- individualmente.

Otras características: pantalla LCD y pads retroiluminados, alimentación por USB o fuente incluida, posibilidad de cargar sonidos con una SD o usando el propio sampler como lector de tarjetas. Asimismo, Akai puso a disposición de los usuarios un software para administrar el sampler.


¿Más alternativas, por favor?

Por supuesto. Saliendo de AKAI, que sigue fabricando dos versiones del MPX8, más económicas, hay más opciones. Por encima de los mil euros tenemos tres principales candidatos: los excelentes Pioneer Toraiz SP-16 y  Elektron Octatrack MKII.

En la franja media de precio, la que va de los 400 a los 500 €, encontramos los muy versátiles Roland SP-404A y el Korg Electribe Red:

En la última franja, la que incluye los samplers de menos de 200 €, encontramos los muy jugosos en relación calidad-precio el Korg Volca Sample y la opción más económica: Teenage Engineering PO-35 speak, por solo 90 €: 


Conclusión

La odisea que supuso grabar Loveless nos deja varias lecciones. Una de ellas es, como apuntábamos al principio, la idea de que siempre se puede ofrecer algo nuevo con herramientas tradicionales, por mucho que parezca lo contrario. La segunda lección importante está relacionada con el uso de la tecnología: históricamente se relaciona Loveless con el trabajo en guitarras eléctricas y, por tanto, en uso de instrumentos analógicos. Sin embargo, un estudio atento del proceso de grabación del disco saca a relucir la presencia importantísima que en él tuvieron los samplers: My Bloody Valentine no tuvo miedo de valerse de la tecnología para materializar en canciones –canciones históricas ya- lo que tenían en la cabeza. La última gran lección está relacionada con esto mismo: antes de este disco el cuarteto dublinés era una banda prometedora que avanzaba sin problemas hacia una carrera sólida. Sin embargo, Kevin Shields no tenía bastante con eso. En su cabeza estaba la idea de ir más allá. Ese “crear un nuevo sonido” es una declaración de intenciones que pone de manifiesto un valor común entre todos los grandes músicos: la curiosidad, el deseo de experimentación y aprendizaje. Sin ellos, ni siquiera existiría el rock and roll. Conviene no olvidarlo. 🤘

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.

2 comentarios

    Saludos Juanma.
    Lo que yo necesito es un aparato que me pueda grabar muestras de guitarra y que las pueda reproducir.
    Sin ayuda del PC, y sin conectarlo a un ordenador…
    Cogeria las muestras de guitarra, bajo, etc.. En el local de ensayo de mi grupo hardcore..
    Una vez finalizada la toma de muestras ya en mi casa si lo conecto a un ordenador.
    >Mi pregunta:
    ¿Cual es el aparato que yo necesito??

    Hola Borja, necesitaría saber cuál es el fin que tienes en mente, es decir, para que son esas tomas que quieres grabar: ¿para hacer una demo? ¿para dispararlos en directo? ¿para samplearlos y hacer nuevos ritmos con en el ordenador? etc.

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