Hit the Tone! Michael Kiwanuka

Hit the Tone! Michael Kiwanuka

TE AYUDAMOS A SONAR TAN COOL COMO MICHAEL KIWANUKA (O A ACERCARTE)

Exacto. El chaval que saltó a la palestra como una suerte de Terry Callier de nuevo cuño (para el recuerdo queda la sutilísima «Home Again«) grabó su segundo disco después de que Kanye West contribuyese a que le estallase la cabeza y se vino arriba: Love & Hate (2016, Polydor) nos mostraba a un Kiwanuka gigante, desperezándose del menos-es-más de su debut y abrazando unas maneras que en otro habrían resultado grandilocuentes. No es su caso: el londinense sabe dónde pone la mano. En esta nueva etapa, en la que camina acompañado por el gran Danger Mouse, Kiwanuka reúne a gigantes del tamaño de Bill Withers, Curtis Mayfield o, incluso, Isaac Hayes. Su propuesta transita por el soul (desde la Stax hasta el Deep soul), el góspel, el folk, el funk o la psicodelia y no olvida que estamos afrontando el final de la segunda década del siglo XXI. En Kiwanuka (Polydor), su tercer álbum, el británico suma a su tándem con Danger Mouse la figura del productor Inflo para confirmar lo que nos mostró en Love & Hate: un soul brillante, moderno y clásico al mismo tiempo, apelando al unísono a las caderas, el corazón y el cerebro. Palabras mayores. En este artículo trataremos precisamente de despejar diversos caminos que te permitan sonar (y grabarte) recuperando ciertas sonoridades añejas, cierto tono vintage. ¡Venga, péinate! 

De qué hablamos cuando hablamos de vintage

Hazme un favor y escucha esta canción. ¿Ves? Justo a eso nos referimos. ¿Qué cómo puedes conseguir ese sonido? Espera un poco.  Con la llegada de Danger Mouse a su vida, Michael Kiwanuka añadió elementos a su acompañamiento habitual, que no iba mucho más allá de una guitarra acústica. Uno de estos elementos fue un sintetizador Prophet 5 fabricado a finales de los 70. Así lo afirmaba él mismo: “Es un sonido que han usado docenas de músicos, pero es nuevo para mí y es precioso”. Hablamos de un sintetizador tan legendario que tiene hasta su propia web tributo 

Otro fijo en la alineación de Michael Kiwanuka desde aquel encuentro es el uso de guitarras con sabor añejo, como, por ejemplo, la Fender Stratocaster, una de las guitarras más antiguas de la Historia y que, sin embargo, siguen usándose en la mayoría de bandas. 

Espera, espera, en seguida verás adónde queremos llegar. Danger Mouse se coronó como genio cuando decidió mezclar la múscia de Jay-Z con samplers de los Beatles. Aquella mezcla de la tradición con la vanguardia le permitió coronarse como el rey a la hora de pergeñar música que sonase a puro siglo XXI pero con un sabor añejo. A la hora de elaborar aquel portento sonoro, el productor se valió de samplers como los que tienes aquí abajo.

Como habrás observado, estos tres ejemplos constituyen tres caminos diferentes para llegar a los sonidos clásicos: el primero, a través de instrumentos directamente fabricados en aquellas décadas, el segundo, por medio de instrumentos diseñados entres los 60 y los 80 que se siguen fabricando en la actualidad o bien utilizando instrumentos fabricados en la contemporaneidad pero que rememoran el sonido de aquellos. El tercero, evidentemente, es el que nos permiten los avances tecnológicos: estaciones de procesado, samplers, etc. En este artículo nos centraremos en el segundo camino (el tercero merece un artículo por sí mismo). ¿Por qué? Seamos sinceros…¿quién tiene en su garaje, criando polvo y malvas, una Neve 8028? 

Cómo hacer para que tu guitarra suene vintage

Comenzamos. Hay una máxima a la hora de conseguir un sonido clásico que dice que ninguna postproducción modificará de forma convincente lo que no salga de tu instrumento. Por eso es imprescindible elegir un buen material. En el caso de las guitarras, y obviando que tengas el capital necesario para pagar un modelo estrictamente vintage, se suele recomendar la limpieza y la concreción en el sonido. Cualquier modelo de los que tienes aquí arriba —Gibson Firebird, Gibson LesPaul, Fender Telecaster o Fender Stratocaster— responden a ese perfil. Se suele recomendar no abusar del volumen y jugar más con el tono y con la selección de pastillas. Hablando de pastillas, recuerda que hay una gran diferencia entre una guitarra que incorpore pastillas simples a otra que venga con pastillas dobles. Mientras las primeras aportan un sonido cálido pero emiten un zumbido a altos volúmenes, las segundas eliminan ese zumbido pero provocan un sonido más robusto. Para algo cercano a la música de Michael Kiwanuka, por ejemplo, nos sería muy útil una guitarra de pastillas simples convenientemente amplificada. ¿Que no te convenzo? Pues nada, aquí tienes al propio Kiwanuka explicándote por qué te tienes que dejar los billetes en una Stratocaster:

En cuanto a las cuerdas, busca siempre que sean de níquel (como las de la foto, las Ernie Ball 2221 o las Fender Hendrix Voodoo Child BE Nickel, que aportan un sonido cálido y redondo.  Uno de los secretos para que nuestras cuerdas nos lleven a una sonoridad clásica es el de apagar el sonido. Por eso, conforme tus cuerdas estén más gastadas y pierdan cierto brillo, estarás más cerca del sonido que buscamos.

Bueno, pues ya está todo hecho, ¿no?

Oh, no. En absoluto. Aunque sea imprescindible que utilices una guitarra y unas cuerdas adecuadas (a nadie se le ocurriría tocar el disco de Michael Kiwanuka con una Jackson con pastillas activas), también tienes que elegir con tino los pedales. No serán muchos, tranquilo, pero tenlos en cuenta. En muchos sitios leerás sobre la importancia de añadir un fuzz a tu guitarra, dado nuestro caso concreto, apostaremos más bien por un overdrive, que genera una distorsión más suave y cálida, más propia de la música negra. La configuración que nos interesa consiste en mezclar la distorsión del amplificador con las características (más sustain y calidez, menos crudeza) que ofrece el overdrive. Más que volvernos locos con el volumen (¡REPETIMOS: NO TE VUELVAS LOCO CON EL VOLUMEN DEL PEDAL!), es más interesante jugar con el tono y la ganancia.

¿Que qué overdrive? 

Pues mira, cualquiera de los cuatro que tienes aquí arriba (Boss BD-2w Blues Driver, Mooer Blues Crab, Xotic SL Drive o Joyo R-05 Maximum Overdrive sería una opción interesante. 

Estos cuatro amasijos de hierro y cables que tienes aquí arriba son algunos de los pedales de efectos que te ayudarán a conseguir el sonido vintage que estamos buscando. En la esquina izquierda del cuadrilátero, con letras violetas y carcasa roja, tenemos al Electro Harmonix Holy Grail Max y al tc electronic Hall of Fame 2, dos grandes exponentes del pedal de reverb. Hablamos de un efecto que llegó a la música popular para quedarse, y que está presente prácticamente en cualquier género de la misma. A no ser que queramos hacer surf rock, conviene moderarlo, decantarnos por ecualizaciones medias. A la derecha, con carcasas frías, tenemos al Fender Tre-Verb y al Behringer VD400, dos pedales de delay (también de trémolo, en el caso del Tre-Verb) que nos proporcionarán un sonido con más aristas. Si lo usas, recuerda una cosa: ¡poco feedback! De lo contrario, lo echarás todo por la borda.

Vale, ahora sí, ¿no? Ya está todo…

¡No! Te dejas el ampli, querido lector. ¿Adónde vas sin un amplificador? Pues a ningún sitio. Te presento (de izquierda a derecha y de arriba abajo) al Supro 1605R Reverb, al Vox AC30S1, al Fender 65 Deluxe Reverb y al Fender 57 Custom Deluxe. Están aquí para ayudarte: son cuatro amplificadores de válvulas como cuatro soles. ¿El secreto para conseguir el sonido que buscamos? No volvernos locos con la ganancia. Recuerda que los amplificadores antiguos no tenían control de gain, así que debemos buscar sonidos cálidos, sin apenas grano, y dejar a las válvulas que hagan su magia.

Vale, entonces: guitarra limpia, a poder ser de pastillas simples, cuerdas de níquel, un overdrive, un reverb y un delay y un amplificador de válvulas, ¿no? Eso es, sí. Pero…¿y si eres cantante?

¡Micrófonos, necesito micrófonos!

No se suelen hacer demasiadas concreciones en la grabación de voz a la hora de hablar sobre los sonidos clásicos. Se suele recurrir a los parámetros que hemos hablado anteriormente (búsqueda del sonido puro y cálido, sin exceso de brillo), pero sí que se incide en algo: no hay nada como los micrófonos de cinta. 

¿Un micrófono de qué? De cinta, de cinta. Veamos: un micrófono de cinta consiste, en resumen, en un trozo de aluminio arrugado de una determinada manera que se mueve entre un par de imanes que lo sujetan. Al moverse la cinta entre los imanes, mediante inducción magnética, se produce una señal eléctrica que reproduce el sonido que ha provocado el movimiento de la cinta. Es decir: lo mismo que las pastillas en las guitarras pero para la voz. Pues bien, a mediados del siglo pasado, el micrófono de cinta era el rey de los grandes estudios. Todo el mundo lo usaba. ¿Que por qué dejó de serlo? Pues porque surgieron los micrófonos de condensador con su gran rango de cinta. Resulta que los micros de cinta producen una atenuación de las frecuencias a partir de los 14000 Hz. Esto (que se traducía en un sonido menos brillante que el de sus hermanos menores) unido a su delicado manejo (la cinta de aluminio suele ser de dos micras de grosor, es decir, muy sensible a los golpes) los condenó al ostracismo.

Y ahora te preguntarás por qué resurgieron. Pues porque hay gente que considera que se nos ha ido la mano con la tecnología, y que la perfección (y la digitalización) extrema tiene sus cosas malas. Uno de los grandes favorecidos por la nueva reivindicación de lo analógico fue el micrófono de cinta. Sí: hay imperfecciones, pero ¿qué somos nosotros, sino animales imperfectos? 

Arriba de este tridente de párrafos tienes cuatro ejemplos interesantes de micrófono de cinta para grabar voces: el Coles 4038 Studio Ribbon, el the t.bone RB 500, el Sontronics Delta 2 y el Golden Age Project R1 Tube active. 

Cuidado con esos bestias que llevan baquetas

Todo se nos puede ir al garete si no tenemos en cuenta una serie de cuestiones a la hora de tocar la batería. No puedes cuidar todo lo anterior y de pronto aparecer con una batería futurista. Sería como el vaso de Starbucks en Juego de Tronos: un absoluto fiasco. 

Además de echar un vistazo a los diversos sets de baterías y baquetas con aromas que existen, tienes que tener en cuenta es que estamos tratando de reproducir el sonido de una época en la que las baterías eran diferentes a las actuales. Ahí van algunos ejemplos.

Con respecto a los parches: los sintéticos no se utilizaron hasta los 50. Antes se usaban parches de cuero que ofrecían tonalidades oscuras, cálidas y con una gran paleta de sonidos. Una opción barata que podemos encontrar hoy en día es la de los parches sintéticos de cuero, como estos que tienes aquí arriba, los Fiberskyn de Remo.

El agujero en el parche frontal del bombo se comenzó a usar en los 70. Además, los bombos no solían llevar nada adentro: era típico un sonido lleno y abierto, cambiando entre géneros solo la técnica y la afinación. Además, en la medida de lo posible, se aconseja usar una maza de fieltro o de corcho y lana sintética en el pedal de bombo, ya que garantiza un sonido más suave.

Con respecto a los platos: piensa que los de 20” no existieron siempre. Por ejemplo, si queremos rememorar el sonido del swing, propio de los años 30, no podremos usarlos. Deberíamos usar platos pequeños y livianos. El ride, por su parte, apareció a principios de los 40, y eran mucho más ligeros que los actuales. 

A la hora de grabar una batería, recomendamos encarecidamente el método de Glyn Johns, que puedes encontrar en la música de Led Zeppelin y que te explicamos en este artículo. Para conseguir un sonido orgánico, propio de los 60 y 70, también se recomienda grabar las baterías en lugares amplios, para que el reverb sea natural y, si fuera necesario, probar delays en los micrófonos, para aumentar la sensación de una batería gigante.


Conclusión

Lo decíamos hacia la mitad de este artículo: los efectos y las formas de grabar influyen, pero si quieres sonar cercano a como se sonaba en los 60 y 70…debes generar ese sonido con tu instrumento. Lo que podría parecer una perogrullada esconde bastantes interpretaciones. A saber: generar ese sonido implica tenerlo asimilado, algo mucho más difícil que ir a la tienda más cercana y comprarte todos los instrumentos de corte vintage que encuentres. Esto va, una vez más, de escuchar música, de aprender un lenguaje y un espíritu y luego regurgitarlo con algo que sea solo tuyo. Entonces estarás haciendo algo muy diferente a un ejercicio de estilo. Estarás haciendo algo genuino.

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.

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