Hit the Tone! Black Sabbath y los secretos de Paranoid

Hit the Tone! Black Sabbath y los secretos de Paranoid

¿No está todo dicho de este disco ya?

Bueno, confiamos en que no. Aun así, nunca está demás celebrar (en su 50 aniversario) a un disco fundamental en la historia del metal y géneros adyacentes. Sí, amigos: sin Paranoid (sin los cuatro primeros discos de Black Sabbath, en realidad), los melenudos del instituto solo habrían escuchado el blues lento de Blue Cheer. Con todo el respeto a Blue Cheer, lo de estos cuatro pirados británicos era otra cosa: ninguna otra banda había sonado hasta entonces tan perturbada, tan (si quieren) poseída, tan contundente y concisa al mismo tiempo. Sin Paranoid no habría heavy metal, pero tampoco thrash, ni sludge, ni doom, ni stoner, ni grunge. Black Sabbath aunaron espíritu, carisma y una forma absolutamente incontestable de afrontar cada instrumento (como veremos a lo largo del artículo) en uno de esos discos que habría que habría que guardar en un arca dorada si nuestra civilización se fuera al garete y hubiera que dejar productos culturales representativos de lo que fuimos. Palabras mayores. A lo largo de este Hit the tone desgranaremos las razones por las que Paranoid suena como suena y cómo tú podrías, sin cortarte los dedos con una laminadora de metal ni degollar murciélagos de un solo mordisco, recrear ese sonido. ¡Oh, señor, sí! 🦇

Empecemos por la guitarra: la importancia del mono

 

La historia es de sobra conocida: poco antes de la gestación de Paranoid, Tony Iommi conoció a alguien que le facilitó una Gibson SG para zurdos. Iommi decidió trucarla un poco: fue a la tienda del famoso fabricante de guitarras John Birch y le colocó las célebres pastillas Simplux.

La otra pastilla también fue rebobinada y recubierta de metal. El cuello, asimismo, fue reacabado con una capa de laca de poliuretano, que facilita la movilidad entre trastes, y se añadió un traste cero. Iommi usó este Frankestein glorioso (entre otras guitarras) en Paranoid, Master of Reality (1971) y Vol. 4 (1972). Después, por cierto, dejó de usarla y se la vendió al museo del Hard Rock Café. Aunque la monkey guitar se fabrica a petición, dado su carácter exclusivo y su precio prohibitivo, vamos a tratar las otras guitarras que Iommi usó en el disco, así como posibles alternativas.

Dice Iommi que para el segundo disco de Black Sabbath quería probar algo diferente. Ya que venía tocando Fenders (Stratocaster, principalmente), en este caso se decantó por las Gibson. Su relación con las LesPaul fue corta, ya que nunca llegó a sentirse cómodo del todo con ella. Su gran guitarra, el trozo de madera y cables y hierros con el que todo el mundo relaciona al guitarrista británico es, sin duda, la Gibson SG, una de las guitarras más versátiles del mundo: te vale para desencadenar una tormenta y para acompañar un picnic. De hecho, la Signature  que Iommi desarrolló junto a Epiphone está inspirada en la SG. En cualquier caso, para emular el sonido de Black Sabbath, siempre será recomendable usar pastillas dobles, que nos aportarán más contundencia y potencia (aunque menos calidez) que las pastillas simples.

 

Iommi tenía colocado el selector de pastillas en la posición alta (rhythm) para los riffs y en el treble (agudos) para solos como el que tienes aquí arriba.

Pedales para bajar al infierno

Para emular el sonido de Tony Iommi vas a necesitar varios pedales. No te asustes: no vas a tener que pasarte la vida encendiendo y apagando interruptores, pero un booster, un wah wah y un phaser te serán de gran ayuda. 

El booster (arriba tienes el  Catalinbread Naga Viper y el Catalinbread Sabbra Cadabra aumenta la señal de la guitarra justo antes de llegar al umbral de la distorsión. El wah wah (Fulltone Clyde es el que tienes aquí arriba modula una banda de frecuencia específica dentro de la muestra, que da como resultado el sonido característico que se intuye con su nombre. Un phaser (Walrus Audio Lillian en la foto es un efecto que, en primer lugar, divide la señal de la guitarra. Después envía una señal limpia y una segunda con la fase desplazada. Por último, el pedal mezcla las dos señales, que se anulan entre sí y generan un efecto de barrido de sonido.

 

Pensemos en Iron man, por ejemplo. Como decíamos, Tony Iommi colocaba en los solos el selector de pastilla en el treble. Para fortalecer esa sensación, fomentaba las frecuencias agudas potenciándolas con el booster, aumentando el volumen de su señal (fíjate en el solo de esta canción). Para ello, pondremos la perilla del boost (o gain) a la altura de las cuatro o de las seis. Si nuestro booster es algo más complejo y permite seleccionar qué frecuencias potenciamos, evidentemente seleccionaremos las agudas. Además, la leve oscilación que escuchamos en momentos puntuales se debe a un phaser. Iommi lo usaba para darle algo de carácter y oscuridad (y paranoia, claro) a su guitarra, pero no abusaba: hablamos de un empleo sutil de este pedal, colocando las perillas a una altura media en todo caso. 

Y dirás tú que nos olvidamos del wah wah. ¡Pues no! Escucha la intro de este auténtico pelotazo. ¿Ves? Ahí lo tienes. El wah wah es un pedal en el que cuenta mucho más la dinámica con la que lo usemos que la configuración concreta. En este caso, Iommi lo usa en el riff entre estrofas (cuando Ozzy no canta) a tiempo con el bombo. También acentúa las últimas notas. Sí: es un pepino.


Hagamos grande ese sonido, por Satanás

Para que veas que no te mentimos, te lo ponemos en palabras del propio Iommi: “En Paranoid usé básicamente una SG y los Laney. Todo el mundo usaba HiWatts y Marshalls, pero a mí me gustaban los Laney con pantallas de 12 pulgadas”. 

Aunque también usó amplificadores Fender para algunos solos (por su mayor brillo), Iommi inmortalizó la combinación de cabezales Laney (en la imagen, el LA100SM) y el LA30BL y pantallas de 12” (en la foto, la LA212) y la IRT412A Ironheart.

A lo largo del disco, la configuración del amplificador es la misma: el bass al 0, el middle, presence y Gain 1 al 10, para generar un sonido crujiente, con el overdrive natural de los amplificadores de válvulas.

Antes de concluir con el apartado de la guitarra, tenemos que recordarte un par de cosas. Seguro que ya sabes la historia de cuando Tony Iommi sufrió un accidente laboral, se cortó un par de dedos y tuvo que volver a aprender a tocar con unas pequeñas prótesis que él mismo se fabricó. Pues bien, hay quien dice que de ese accidente surgió el heavy metal: en su reaprendizaje, Iommi se vio forzado a minimizar las filigranas y enfocarse en el sentido rítmico. Así (bueno, después de miles de horas) nació su característica forma de tocar, apoyada por las combinaciones de guitarra, pedales y amplificadores que te hemos contado más arriba, pero también por dos detalles que conviene recordar: púas de dureza media y cuerdas super light (de calibre .009 hasta .042). Estos detalles no te salvarán la vida, pero te acercarán algo a nuestro señor Tony Iommi.

Y ya solo te queda ahumarte las gafas. 😎

https://www.youtube.com/watch?v=xuK9GWiGj4w&feature=youtu.be

 

 


Su turno, mr. Butler

Se suele decir que el mítico sonido de bajo de Geezer Butler tiene más que ver con su forma de atacar las notas y de mover los dedos que con cualquier herramienta concreta. Para emular su sonido, deberás tener un notable movimiento de dedos (que no tiene por qué significar una gran velocidad, se trata de un buen sentido rítmico) y centrar tu actividad en la zona alta del mástil (a partir del décimo traste, sobre todo). A partir de ahí, las cosas serán más fáciles.

Geezer Butler usaba un Fender Precission con cuerdas lisas (flatwound),  que aportan un sonido profundo (las roundwound no se impusieron en los bajos hasta los 80), pero como hemos dicho, eso no es lo más importante. Antes de pasar a los pedales, una pequeña frikada: Butler desarrolló junto a EMG unas pastillas pasivas, las Geezer Butler PHZ , que destacan por su sonido cálido que podría compensar el uso de, por ejemplo, unas cuerdas roundwound.

Un overdrive, una distorsión suave, nos ayudará a ensuciar la señal antes de que esta llegue al amplificador. En canciones como War Pigs escuchamos el bajo con esa distorsión de la que hablamos con un drive (cantidad de señal distorsionada y cantidad limpia) a la altura de las 11, por ejemplo. El resto de perillas estarían en una posición media.

¡Sí, sí! Ya sabemos que esta canción no corresponde a Paranoid (está dentro de Black Sabbath, el debut de los británicos), pero hay quien dice que en ese disco Geezer Butler se convirtió en el primer bajista en aplicarle a su instrumento un wah wah. Por eso, cada vez que se hablada de este efecto en bajos, se menciona a Butler.

Sin ir más lejos, uno de los pedales más codiciados por los bajistas que buscan un sonido setentero es el wah wah que nuestro melenudo desarrolló junto a Dunlop, el Geezer Butler Cry Baby Wah. Al igual que Iommi, el bajista usa el efecto a tiempo con el bombo de la batería.

Hablemos de cabezales, hablemos de pantallas

Junto a su característica forma de tocar, otro factor determinante en el sonido de Geezer Butler  proviene de fomentar los medios en el amplificador. Por eso la perilla del rango medio siempre estará, como mínimo, un cuarto de circunferencia más alta que el resto de frecuencias. Si alguna de las otras frecuencias se nos escapa, debemos evitar a toda costa que sean los agudos, pues el bajo sonará demasiado chillón. 

Evidentemente, cuando hablamos de sonidos setenteros, hablamos de amplificadores de válvulas. Para generar distorsión en esos amplificadores había que tocar muy fuerte (otra de las características del vigor rítmico de Butler). De ahí que a veces usara overdrives, para que la señal llegara ya al amplificador con algo de suciedad (y no se tuviera que dejar nuestro melenudo los dedos en cada canción). Ah, por cierto: las dos hermosuras que tienes aquí arriba son el Ashdown Head Of Doom-Geezer Butler y el Ampeg Heritage SVT-CL. 

Con respecto a las pantallas no hay mucho que contar: unos buenos armatostes de 12” (como estos Ampeg SVT-212AV y EBS Classic-112CL) nos servirán.

Ah, se me olvidaba: ahí van unos secretos sobre un riff que igual te suena…


Y a los tambores…¡un tal Bill Ward!

“No había metrónomos, y todo el mundo entraba y tocaba, y así fue. Ni más ni menos, así que Tony y yo tuvimos que currarnos mucho la base rítmica”. Es Bill Ward, el encargado de que aquella bestia llamada Black Sabbath tirase hacia adelante. Cuando habla de Paranoid, el británico suele decir que hay fallos en sus baterías, que no sabía mucho sobre micrófonos, pero la realidad es que si eres batería y quieres tocar heavy metal, tienes que tocar este disco. En War pigs,  después de la pequeña jam bluesera inicial, Ward despliega su magia: una combinación de bombo y crash seguida de ocho notas de hi-hat. Es alucinante cómo algo tan aparentemente sencillo funciona tan bien. Más adelante, a través de sonidos sincopados, Ward crea la atmósfera perfecta para que Iommi sacuda la zozobra y Ozzy se desgañite. 

Cada tema es una lección de batería sencilla-pero-contundente, minimalista, perfecta: ahí está Ironman y esa batería que sigue al cantante y al guitarrista. En sus propias palabras: “Nosotros íbamos al mismo sitio al mismo tiempo, y era una de nuestras características como banda, éramos totalmente opuestos a Led Zeppelin, que usaban el aire como sonido”. Al principio de la canción, un bombo lento (de 22” se impone. “Se trataba de emular algo que camina de forma amenazante hacia a ti, un gigante o algo parecido”, declaraba Ward. En esta versión en directo de Rat Salad se ven algunos de sus trucos más habituales: golpes acentuados que rematan larguísimos redobles (en el solo) o flam taps separados por golpes de bombo.

En cuanto al equipamiento propiamente dicho, Bill Ward usaba en la épica sets de Ludwig con bombos de 22” x 14” (o similares), cajas de 14” x 5”, toms de 12” x 9”, toms de suelo de 18” x 16”; platos Zidjian, hi-hat de 14”, crash de 18” y ride de 22”.

Una última cosa. Después de todo, sabe Satanás que si existiera una máquina del tiempo, podrías estar justo aquí:


Conclusión

La principal conclusión que subyace de este repaso a Paranoid es el afán explorador que tenían los cuatro miembros de Black Sabbath. Quizá no fueran grandes conocedores de la tecnología que tenían entre sus manos (realmente, ninguna banda de la época lo era en comparación con el dominio del hardware que se normalizó en décadas posteriores), pero esa búsqueda constante les llevó a convertir el blues en algo completamente nuevo. Contaba Tony Iommi que jamás dejaba de pensar en cómo manipular su cabezal y su guitarra para conseguir el sonido que quería. Y es cierto que quizá sea osado aspirar a crear algo del tamaño de Paranoid, pero ese ímpetu y esa dedicación solo dependen de cada uno de nosotros. El resto suelen ser excusas. 


👇 Y aquí el vídeo tutorial de «Paranoid» 👇

 

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.