HIT THE TONE! Haz que tu bajo suene a funk de los 70

HIT THE TONE! Haz que tu bajo suene a funk de los 70

«¿Cómo? Llevo toda la vida intentándolo«

Bootsy Collins [by MikaV (CC BY-SA)]


Bueno, es un decir. Es evidente que lo primordial está en tus dedos: si no dominas las técnicas de funk (principalmente el slap, la técnica que produce el característico sonido percusivo del género, al, básicamente, golpearse las cuerdas contra el mástil del instrumento), ya puedes olvidarte de sonar como Bootsy Collins. Bien, dicho esto, hay algunos trucos que pueden hacerte sonar como alguien que, como mínimo, sabe quién es Bootsy Collins. En este artículo encontrarás un repaso por los elementos que debes tener en cuenta a la hora de orientar tu sonido al funk: el bajo propiamente dicho, los pedales de efectos, los cabezales, las pantallas y esa eterna pregunta que afecta no solo al bajo en el funk, sino al bajo en todos los géneros: ¿qué es mejor, tocar por línea o microfoneado?


Lo primero de todo: ¿qué es eso que cuelga de tu hombro?

Sin rodeos: a la hora de conseguir un sonido potente y definido (a la hora de intentar sonar a cualquier otra cosa que no sea punk o garage, en realidad), cada céntimo que te gastas se traduce en una mejora sustancial del producto final. Teniendo esto claro, lo demás será mucho más fácil. El primero al que merece la pena dedicarle unos minutos es al Fender Jazzbass, considerado uno de los bajos más versátiles del mundo, si no el que más. ¿La prueba? Verás a músicos de primerísima fila de cualquier estilo que puedas imaginar con un Jazzbass al hombro. Mención especial a la versión Squier del modelo, como siempre, mucho más económica y ofreciendo una cantidad de prestaciones en absoluto desdeñables.

Otros bajos que pueden resultar muy jugosos a la hora de reproducir el sonido funk son el Cort B4 Plus o el Sterling by Music Man S.U.B. Sting Ray. Mención aparte merecen los Marcus Miller, una firma que merece, si queremos tocar funk, un estudio concienzudo de su catálogo. No obstante, su creador es –glups- quien es.

En cualquier caso, debes tener en cuenta que tu bajo sea versátil (el funk es un género que suele envolver –o ser envuelto por- otros subgéneros de la música afroamericana, como el soul, el blues o el jazz) y que el mástil sea lo suficientemente robusto para que, al tocar con la técnica slap (al percutir las cuerdas contra la madera), genere el sonido que estamos buscando.


¿Ya soy Bootsy entonces?

No, no. Solo acabamos de empezar. Paciencia. Vams ahora con el elemento seguramente más importante a la hora de tocar funk junto al dominio del slap. Nos referimos, ni más ni menos, que a los filtros controlados por envolvente. Hay quien los considera, directamente, máquinas de hacer funk, máquinas de hacer wah. Y no es para menos. Este sistema de alteración de sonido fue creada a mediados del siglo pasado, y se define a través de cuatro parámetros: attack, decay, sustain y release. Lo primero que hay que decir es que la intensidad del efecto la controlas tú casi en su práctica totalidad. A través del volumen y la dinámica de la señal, se controla un filtro de barrido. Al tocar una cuerda, el attack provoca que el nivel sea alto con respecto a lo que viene después, el decay provoca una bajada hasta un nivel normal (y una posterior vibración de la nota –el sustain- en su tono natural). Después, la nota se desvanece, llega el momento del release. Y, ahora sí, con todos ustedes: las bestias.

El MXR M 82 Bass filtro controlado por envolvente totalmente analógico. Muchos bajistas lo consideran el mejor. Destacan de él su gran adaptación a tu sensibilidad a la hora de tocar (permite regularla), su robustez y resistencia y su gran versatilidad a la hora de generar diferentes matices de sonido.

El Aguilar Filter Twin  utiliza dos filtros iguales que barren en direcciones opuestas: uno sube las frecuencias y otro las baja. Así genera el contraste clásico que asociamos al funk. Esta sencillez de funcionamiento lo convierte en un pedal ampliamente utilizado, dada su transparencia, lo intuitivo de su uso y la calidad de los resultados obtenidos.

Otros dos filtros ampliamente reconocidos por la robustez de su sonido y la amplia gama de recursos con los que permite jugar son el Electro Harmonix Nano Bassballs y el Mooer Bass Sweeper, considerados por muchos bajistas como primos hermanos.

 

Mención aparte merecen los pedales de Boss. En concreto, y a la hora de hablar de cómo generar un sonido funk, saltan a la vista tres: el SYB-5, el GEB-7 y el LMB-3. En el caso del primero, hablamos de un sintetizador que, aunque requiere de una gran curva de aprendizaje, otorgará a tu bajo unas texturas que difícilmente conseguirás con otros pedales. Y hablamos de funk, los detalles pueden marcar la diferencia. El GEB-7 es un ecualizador que, en este caso, nos servirá para cambiar sin despeinarnos de un género a otro, algo que, como hemos referido anteriormente, es prácticamente inevitable en el funk. El LMB-3, por su parte, otorgará a tu sonido un groove muy detallista, al eliminar los picos de volumen discordantes.


Ok, ¿solo necesito un bajo en condiciones y un pedal de filtro envolvente?

Bueno, con eso hace –junto, repetimos, a un dominio del slap- bastante, pero quizá siga sin ser suficiente. Es hora de hablar de los cabezales. A la hora de amplificar lo que sale de tus dedos-bajo-filtro envolvente, se suele recomendar el uso de amplificadores “limpios”. Dos de las opciones que rápidamente vienen a la cabeza son el Ampeg SVT-3PRO, y su hermano mayor, el SVT-4. Hablamos de cabezales híbridos con previos a válvulas. Ampeg es considerada por muchos bajistas como la firma que mejor combinación de potencia, rendimiento y flexibilidad ofrece dentro de su gama de mercado. Se suelen recomendar para tocar hard-rock y funk debido, principalmente, a que su principal valía es la potencia pura. Sin más historia. Otro Ampeg que merece nuestra atención a la hora de tocar funk es el V-4B, en este caso, un cabezal que funciona totalmente a válvulas y que destaca eminentemente por la calidad y pureza de su sonido.

Otra opción magnífica es el Aguilar Tone Hammer 500, un modelo elegido con frecuencia por instituciones de la talla de George Porter Jr. o Paul Turner (bajista de Jamiroquai). Evidentemente, hablamos de un cabezal que posee el genuino sonido Aguilar: profundos graves, medios ricos en matices y trebles tremendamente melosos y suaves.

Esta gama de precio, entre los 500 y los 1.000 €, ofrece otras opciones, igualmente interesantes. Destacamos tres, cada una de su padre y de su madre. La primera de ellas es el Markbass Big Bang. Se suele destacar de él la gran cantidad de prestaciones que ofrece a pesar de ser tan pequeño. Ecualización de cuatro bandas, bucle de efectos y salida directa a mesa con nivel de control e interruptor EQ –además de entrada auxiliar, salida de auriculares con control y control mediante pedal de los filtros VLE y VPF, algo muy demandado por los bajistas-, son algunas de sus características. Pasa lo mismo con el TC Electronic RH750, un cabezal pequeño pero muy potente, sus 750 w y su opción Bass Amp 2.0 son, seguramente, sus mejores prestaciones. La tercera opción en este rango de precio sería el Fender Bassman 500 Head, un cabezal híbrido (2 válvulas 12AX7 en el preamplificador) de 500 w a 4 Ohmios que destaca por la potencia y calidez de su sonido.

Terminamos este repaso a los cabezales con dos opciones algo más caras, pero tremendamente resolutivas. El primero de ellos es el fruto del 30 aniversario de la firma EBS, y se trata del EBS HD-360 30st Anniversary Ed. El cabezal cuenta con las mismas características que el HD-360 estándar excepto un diseño diferente y la posibilidad de seleccionar características del EBS-350 en a preamplificación. Cuenta, además, con un compresor/limitador incorporado, un ecualizador de cuatro bandas y una salida XLR balanceada. Su potencia es de 360 w RMS a dos ohmios.

Y acabamos con el tc electronic Blacksmith, un amplificador de 1.600 w admirado por el control que permite sobre el tono, con una sección e ecualización semiparamétrica de cuatro bandas. Otras características que hacen del Blacksmith una auténtica joya son la emulación TubeTone, que te permite generar cualquier tipo de textura en tu sonido, y el control SpectraComp, que proporciona una compresión multibanda muy sutil.


De acuerdo, ahora sí que estoy preparado, ¿no?

Para, para. Piensa: ¿adónde vas con el cabezal sin una pantalla? Pues a ningún sitio, francamente, a ningún sitio. Así que…hablemos de pantallas. Como hemos dicho anteriormente, una vez que dominamos los pedales, necesitamos un cabezal y una pantalla que aporte, principalmente, potencia y contraste. Es importante que haya un equilibrio entre ambos parámetros: de nada nos sirve una combinación que haga temblar los cimientos de cualquier estadio pero propague un sonido más plano que una autovía.

Tanto la Markbass Standard 104HF-4 Ohm, la Glockenklang Take Five Neo 4×10 8 Ohms, la tc electronic RS210 o la tc electronic RS410 son pantallas que, dentro de sus diferentes características propias, ofrecen lo que apuntábamos más arriba: calidad de sonido. No potencia por potencia, vamos. ¿Cómo era aquello? Lo de que la potencia sin control…


La eterna pregunta: ¿DI o microfoneado?

Es la eterna pregunta, sí. Veamos. Hay quien dice que la DI, cajas de simetría, es vital para que la señal del bajo salga absolutamente limpia, sin ser modificada por ningún elemento. La función de la caja es, de hecho, la de transformar una señal de entrada no balanceada en una señal de salida balanceada. En el bando de microfonar los amplificadores está el argumento de que la señal que se obtiene con la DI es bastante estéril y empobrece el sonido. Con la amplia gama de cabezales de bajo, cada vez más desarrollados, este bando cuenta últimamente con más adeptos. A la hora de grabar hay una tercera opción, ampliamente utilizada: mezclar la DI con la amplificación y luego mezclar según nos convenga. En este caso, debemos tener en cuenta la relación de fase de las dos señales, así como su tiempo de llegada. Lo normal es que el micrófono llegue después, lo que crea un decalaje que afecta a la señal superpuesta. De nuevo, no hay una fórmula mágica. Es cuestión de probar y ajustar hasta que alcances el sonido que tienes en la cabeza.


Conclusión

Lo decíamos al principio: lo primordial está en tus dedos. Ese es el primer mandamiento, no solo a la hora de tocar el bajo, sino cualquier instrumento. Si no sabes hacer slap, déjate de filtros, cabezales y pantallas: practica hasta que te salgan callos. Nos gustaría ofrecerte un atajo, pero…no existe. Una vez que hayas superado ese paso, viene lo demás. Como has visto, hay bastantes trucos que te facilitarán obtener un sonido determinado (estas son solo algunas de las opciones, por cierto, no poseemos la verdad universal). Después de todo, hablamos de generar un sonido muy concreto, así que, ojo, esto te llevará tiempo. ¿La parte buena? Depende de ti. Está en tus manos que tu bajo suene a un funk que le quiebre las rodillas y los tobillos al personal. ¡Dale duro!

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Juanma vive en Barcelona y se pasa el día inmerso en el mundo de la música entre ensayos, grabaciones y conciertos.

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